Un poema de "Ardieron ya los sándalos"


BALADA DE TU NOMBRE
 

Digo tu nombre y todos
los sándalos se yerguen
y despierta el azúmbar
y el amaranto crece y se desvive
y el áloe se endulza iluminado.

Digo tu nombre y todos
los acantos se agitan
y el calalú me envidia
y la hierba doncella se sonríe
y asoman sus raíces las verónicas.

Digo tu nombre y todos
los espliegos me buscan
y la cañuela canta
y brinca como loca la artemisa
y el toronjil me silba ilusionado.

Digo tu nombre y todos
los muérdagos me miran
y la alhucema baila
y la angélica se vuelve caprichosa
y hasta la jara olvida sus jarales…

Porque decir tu nombre
es resumir el mundo
en sólo dos palabras,
mientras habla de amor la hierbaluisa
y repica sus pétalos la albaida.


(Fecha en el blog: 8/7/2017)





Un poema de "Década del insomnio"


ESTO HA CAMBIADO MUCHO


Esto ha cambiado mucho: ya no veo
aquel ciervo gallardo y distinguido
que jugaba en la sala
con los tres elefantes pequeñitos,
y todos tropezaban con la hiena,
siempre tan divertida, tan alegre.
Ya no vienen los mirlos disfrazados
de bardos y juglares, ofreciendo
villancicos, baladas, serenatas,
en antiguos rabeles,
ni el colibrí me cuenta sus problemas,
ni me piden consejo los guepardos,
ni el tigre de Bengala se ocupa de mis sueños,
ni salgo de paseo con la iguana
al caer de la tarde, ni siquiera
el martín pescador se duerme en mi regazo
como si fuera un niño.
Esto ha cambiado mucho: aquel rinoceronte
tan honrado y sincero, tan tranquilo,
ya no está, se ha marchado,
y la tierna pareja de gaviotas
ha debido emigrar hacia otro mares.
Hasta el viejo centauro y su centaura,
que tanto me querían,
me dijeron adiós, me abandonaron,
como también se fueron los halcones.
las nutrias, los delfines…

Esto ha cambiado mucho: todos dicen
-el doctor, mi familia, mis amigos-
que me encuentran muy bien,
que cuánto he mejorado en poco tiempo.
Y nadie se da cuenta
de que yo, en poco tiempo, me he quedado
completamente solo.





Un poema del libro "Década del insomnio"

LOS ARCÁNGELES


Llegaron los arcángeles.
Se supo que llegaron por una luz dorada
que se esparció en la noche,
cuando los sueños labran manantiales
en la yerma memoria de las gentes.
Podían escucharse sus pisadas
de luna entre los árboles,
el rumor de sus voces delgadas como espigas,
y eran de ver los ópalos serenos de sus ojos
escrutándolo todo,
el azulado vuelos de sus manos,
su gesto entre cordial e indiferente.
Querían descubrir los paisajes del hombre
y en jornadas de niebla recorrieron
deltas de soledad, praderas de rencor,
roquedales de angustia, penínsulas de hastío,
manaderos del miedo más oscuro.
A veces preguntaban: nadie les dio respuesta,
nadie quiso decirles, nadie quiso explicarles…
Ellos, entre el silencio,
con lápices de ámbar escribían
palabras desoladas en sus libros celestes.
Y una tarde de plata,
en un viento levísimo y cansado,
agitando sus alas muy despacio,
regresaron por siempre
a sus mundos distantes.
Cuentan quienes los vieron
que volaban llorando, los arcángeles.


ENTREVISTA,
POR PALOMA CORRALES