LAS SIRENAS

                                   Vieron llegar la nave:

                                   como siempre

elevaron sus cánticos pianísimos,

sus murmullos de lluvia y arboleda

que un céfiro brumoso llevaba lentamente
a las sienes morenas de los hombres,
allí, donde se oculta el desconsuelo
y remotos paisajes se atesoran
con el secreto brillo de su azogue…
Vieron pasar la nave:
                                        nadie se conmovió,
nadie se derrumbaba, loco, sobre el agua,
nadie quiso buscar, enajenado,
sus pechos luminosos, sus miradas de jaspe,
sus escama de fuego y de coral.

(Un hombre entre cadenas, 
hermoso como un héroe,
desgarraba con llantos y alaridos
aquel hondo y sereno navegar…)

Vieron como la nave se alejaba
ajena, indiferente,
                                 en calma singladura
hacia islas felices y puertos abundosos,
firme como el destino, libre como el olvido,
desplegadas sus velas al viento y a la sal…

Ausentes, melancólicas,
asoladas de un lívido temor,
dejaron de cantar, envejecieron,
quedaron con los siglos
ignoradas de todos, convertido
en historia dormida su recuerdo.
Y una pobre mañana,
entre un torpe revuelo de peces fugitivos,
diéronse a lo profundo, naufragaron 
su pálido esplendor…

Todos los navegantes debieran perdonarlas:
ellas nada querían,
ellas sólo cantaban y cantaban…
Ellas nunca supieron que en sus voces
habitaba la muerte.

(De "Adagio mediterráneo". En el blog, desde 3 abril 2018)