NUESTROS FUGITIVOS


                                 

                              Se nos van yendo y yendo, lentamente,
                              en un éxodo gris y enmudecido,
                              hermanos ya de todas las espigas,
                              inquilinos eternos
                              de las inciertas noches del asombro.
                              ¡Que granizo nos deja en la memoria
                              su horizontalidad imperturbable,
su ternura hecha hielo, 
sus pupilas por siempre encarcelando
inhóspitas praderas!
Se nos van yendo y yendo, lentamente,
como un río de lava que avanzara
hacia ignorados mares,
resumiendo en ceniza los senderos
que antaño florecieran con sus voces.
Son nuestros fugitivos, los ajenos
al tiempo y al espacio,
huéspedes somnolientos de la nada.
De su antiguo calor tan solo queda
un puñado de lívidos recuerdos
y una oscura orfandad que nos ofrece
su imagen hecha estrella 
          en cielos lejanísimos.
Se nos van yendo y yendo, lentamente,
en un exilio ausente de esperanza...

Su marcha hace que crezcan los otoños
en nuestras biografías malheridas,
poco a poco sus nieblas nos sumergen
en una irreductible y densa soledad.