¡ESCÚCHAME!



¡Escúchame!
No pongo condiciones:                                                              
ya sé que en este juego yo soy quien tiene todas
las de perder. ¿Qué más puedo decirte?
Pero sin condiciones ni exigencias,
sin el menor deseo
de querer negociar, te rogaría
solamente un minuto de atención.
Un minuto no es nada:
una brizna, un plumón, el leve vuelo
de una mínima nube en tu dominio,
una mota de polvo en tu universo.
Eres dueño del tiempo, ya lo sé,
pero tú me entregaste una porción de tiempo
y yo le puse alas, desgrané sus espigas,
la hice fugitiva en su propio fulgor.
¡Escúchame!:
                             De acuerdo con el frío,
también de acuerdo, sí, con el silencio,
de acuerdo con la sombra interminable,
y con la soledad…                       
Pero el olvido, no, nunca el olvido.
No hablo del olvido de quienes hoy me quieren,
o antaño me quisieron,
de quienes quedarán en un primer momento
-así quiero creerlo-
bajo una triste lluvia de párpados sin sueño
hasta que el viento borre los signos más lejanos, 
el eco ya dormido de mi voz.
Hablo de mi memoria, de mi propia memoria,
esta memoria mía que atesora
tanta vida vivida,
tantas difuntas muertes, 
tantos claros destellos de alegría,
tantos vientos oscuros de dolor.
Mi memoria poblada de distancias,
del júbilo cercano de mi mar,
de paisajes que vibran y apasionan,
de caminos, de ríos, de bosques, de ciudades,
de todo el ancho mundo que pude recorrer. 
Mi memoria repleta de páginas y versos,
de hondas melodías que nunca callarán, 
del clamor de la piedra hecha milagro, 
de la idea trocada en arte y emoción.
Mi memoria, caudal inagotable
de miradas, de labios, de manos, de caricias
de palabras que dije, de palabras que oí.
Mi memoria fundida a la memoria
de quien siempre me amó
y a quien siempre amaré…
Puedes quitarme todo,
todo cuanto me diste: tuyo es.
Pero yo edifiqué esta memoria mía
la sembré de aventuras y de nombres,
la colmé de momentos fulgurantes,
a través de los días la hice renacer,
germinar en su hondura,
alzarse en plenitud.
¡Escúchame!: 
     no pongo condiciones, sólo pido
permanecer por siempre en mi memoria,
que mi memoria permanezca en mí.
Por favor, no me digas
que no puedes hacerlo, que sería
contravenir las normas,
romper el equilibrio,
o derogar las leyes de tu imperio ancestral.
Sé que puedes hacerlo, sé que puedes…
porque en esa memoria, no lo olvides,
habitas Tú también.

¡Escúchame!